5 mar. 2013

Pascual Coña o la Furia del Estado



    Pascual Coña relata su propia historia a través de un amigo, un sacerdote alemán que había vivido y convivido con la gente de la Araucanía. Es un relato tan hermoso como triste. Triste por el final, por la forma en que a la gente que vivía aquí ancestralmente le fue arrebatada la tierra, por la violencia y por el dolor humano, que es triste en toda circunstancia. 
    Aquí algunos pasajes que rescaté, por lo gráfico de las palabras del entrañable don Pascual:


    En aquel tiempo llegó a mi fundo Calfulemu cierto Francisco Olivier. En seguida construyó una casa en el suelo mío (...) otra casa levanté abajo en la vega donde está ahora Pedro Larrere. "Me manda el gobierno", me dijo no más. 
Poco tiempo después vino otro caballero, de nombre Eeleuterio Domínguez. "Eeste es mi compañero, me dijo Olivier; "éste es la persona principal".  Entonces Eleuterio mismo habló conmigo (...) "Vamos a hacernos buenos amigos", me dijo. En común seguían construyendo sus casas. 
    Un día Domínguez dijo a mí también "cámbiame tu terreno, te doy suelo donde lo quieras".... entonces yo acepté el cambio de mi terreno. demasiado daño me habían causado en mis siembras los animales de Domínguez; no me dejaban tranquilo ni un momento; lo podía dormir. hasta media noche estaba cuidando mi siembra. esí me aburrí por fin; todos los chanchos entraban en mi siembra, la acababan en el campo mismo. por esos motivos consentí. "Siempre que me des terreno en calfuqueu, acepto", dije a Domínguez. "Bueno; allí vas a recibir más terreno de lo que tienes aquí", me prometió él. (...)
    Pero actualmente me tienen ocupado gran parte del campo; Ramírez Rojas me lo quitó, declaró fiscal aquel terreno. Juan Calfuán también reclamó diciendo: "Ese suelo es mío". 
Eleuterio Domínguez trajo a esta tierra multitud de colonos. El mismo se estableció aquí por mucho tiempo. Cuando ya se había rasladado por acá vino también el obispo Jara. En aquella ocasión se dieron cita todos los forasteros. (...) Terminada la misa vino el obispo con todo el ornato de misa para bendecir el lugar de la nueva iglesia. (...) Después Domínguez buscó carpinteros; se construyó la iglesia denominada "Misión Budi". 

    Domínguez Vino y se fue otra vez; permanentemente estaba viajando.(...) Después de su muerte se adueñó Larraín Bulnes, y la suceción de Domínguez se transfomó en una sociedad agrícola; Ramírez Rojas representaba a Bulnes. Rojas salió y en su lugar entró Pablo Giroux; él administraba el fundo qeu era antes propiedad de los pobres mapuches. Pp. 479-480. 


    Muchas injusticias me hacían en este terreno los vecinos: me ponían cercos por medio de mi fundo, continuamente me violaron la línea de demarcación. Un cerco  en el deslinde no erigían; por mi suelo no más pasaron sus cercos esos huincas. 
    Muchas veces fui donde el Protector de Indígenas en Temuco. "Se hará justicia", me dijo. También me entregó la orden de lanzamiento de los chilenos. La presenté al subdelegado en Puerto Daavedra, pero mi terreno no se me ha devuelto nunca. P 481.


Pascual Coña, Testimonio de un Cacique Mapuche.
Santiago: Pehuén, 2006.