8 nov. 2017

The Cloisters

Hace algunas semanas decidí que si quería dibujar Manhattan tenía que empezar por el principio. Generalmente son ideas que rondan mi cabeza un rato y después se me olvidan. No sé cuál es específicamente el principio, pero se me ocurrió ir al norte de la isla, en el barrio de Inwood, un barrio entretenido, donde se escucha más el castellano que en otras partes, los letreros son en castellano y la gente joven escucha reguetón en la calle. Al parecer (no estoy segura) la colonia dominicana en este barrio es más grande que en otros lugares de Nueva York.

Pero bueno, me pegué el pique de unas mil quinientas estaciones para llegar hasta allá. Me bajé en la estación 191th street y fui a dar exactamente a los pies de un cerro-parque. Caminé por un sendero a ratos delimitado con piedra, rodeada de árboles, pájaros y ardillas: estaba en Fort Tyron Park. Bonito, sombreado y tranquilo. Después de encontrarme con un puente, y calles que no sé cómo fueron a parar ahí justo mientras yo caminaba, me devolví y encontré el rumbo para llegar a The Cloisters. Estaba con la lengua afuera no tanto por el calor si no que por la altura, porque habían unas escaleritas bastante empinadas. Pero valió 100% la pena.
“Los Monasterios”

The Cloisters, que significa los monasterios, es una rama del Metropolitan Museum of Art (MET). Este lugar fue una donación de John D. Rockefeller Jr, quien entregó a la ciudad de Nueva York en 1925 el predio donde está emplazado. Es un museo construido con la forma y la distribución de un monasterio de la edad media en Europa.

Está enteramente dedicado al arte y arquitectura medieval religioso y contiene objetos y arquitectura exclusivamente europeos, mayoritariamente de monasterios de Barcelona y de Francia. Esto incluye esculturas, vitrales, tapices, pinturas, manuscritos y trabajo en metal. En cuanto a los elementos arquitectónicos se pueden encontrar de piedra, mármol, madera, terracota, y marfil.
La construcción y la colección de esculturas medievales - que pertenecía a George Grey Barnard, un escultor norteamericano - y elementos de arquitectura, fue incorporado en la construcción misma del museo.

Es decir, el museo esta construido como si fuera un monasterio europeo de la Edad Media (incluso ubicado en un lugar aislado arriba de un cerro), pero muchas de sus partes son traidas de europa. Por ejemplo, muchos de los los pilares del jardín interior pertenecían realmente a un monasterio y fueron usados en la construcción. El resto, son reconstrucciones hechas especialmente para el museo. 
El recorrido.

Al entrar lo primero que se ve y lo más atractivo es un gran jardín interior, desde donde se ve la torre, hay tumbas, esculturas y una sala con tapices de unicornios.

Algo muy llamativo de este museo son los jardines. Uno es un jardín decorativo para que los supuestos monjes descansaran. Es muy hermoso, cuadrado (porque es un jardin interior) y con flores. Un lugar muy cuidado.
El otro es un huerto. También es cuadrado, con un árbol en cada esquina y con diferentes secciones, dependiendo si son hortalizas, yerbas medicinales, aromáticas o para otro propósito. 

Además desde el jardín se puede ver el río y está rodeado de verde, lo que en Manhattan es muy difícil de encontrar aparte del Central Park. Es un lugar que realmente genera un ambiente místico, como de viaje en el tiempo. Además de que la experiencia incluye la conexión con la naturaleza.



Es un lugar lleno de detalles en general, con una atmósfera muy tranquila que parece estar en un aislamiento total; pero dentro de Manhattan. Esa atmósfera es lo que más rescato de The Cloisters. 
NOS VEMOS!!!!

13 oct. 2017

En la prensa..

Me encanta cuando salimos en los medios y cuentan qué es lo que hacemos. Así podemos ir acercando a la gente que se interesa por el dibujo pero no tiene idea que existimos. Aquí en el Diario La Hora, en Santiago publicaron un artículo acerca de nuestro trabajo como Urban Sketchers Chile. Echale una mirada!!!
Foto: Sergio Barquín

foto: Sergio Barquín 

4 oct. 2017

Holanda en primavera y la reina bicicleta.



No conocía Holanda para nada, salvo su tradición de pintores y la fama de Amsterdam por el barrio rojo y la liberación de las drogas. Nada más. Me sorprendió absolutamente.

Lo que más me sorprendió fue el contraste con Manhattan, donde vivo ahora; es decir, silencio. El silencio y la tranquilidad se respiran en las calles y los edificios junto a los canales. Además, gran parte de la capital holandesa no tiene edificios muy altos, por lo que se ve el cielo con mucha facilidad (algo raro por aquí).

 


Pese a lo desarrollada que es la ciudad (y también por eso) la tremenda actividad urbana pareciera funcionar con la tranquilidad de un pueblo y que fluyera tal como los canales que recorren el país.

Una de las características más llamativas y preponderantes es el uso de la bicicleta, un medio de transporte silencioso y en general muy amigable con la ciudad misma. La bicicleta es, sin ninguna duda, la reina indiscutible de Holanda.



Todo el país es fácilmente recorrible en tren, las ciudades están a 3 horas como máximo de distancia en su sistema híper limpio-organizado-y-simple de trenes.

Por eso me moví desde Amsterdam a Delft y después a Rotterdam, sin ningún problema; incluso un día andando en bicicleta me encaminé por una carretera de bicicletas (sí!!! hay carreteras de bicicletas, interurbanas!!!!!!!!!) y llego a otra ciudad, sin querer.

Vuelvo a Delft: Esta ciudad fundada en 1246 tiene un centro histórico, donde se pueden encontrar construcciones antiquísimas, tipo siglo XVI o XVII, muchas remodeladas y en uso. Las dos iglesias que hay en la plaza principal son full Edad Media de los años 1350 y 1496.


Yo pensaba que Delft era solamente ese centro histórico recorrible en una hora a pie. Hasta que un día agarré mi bicicleta y crucé el puente…. Una ciudad moderna y llena de vida, incluyendo una universidad importante a nivel europeo. Así que podríamos decir con propiedad que la modernidad y la historia conviven armónicamente en esos lares. Todo, como siempre, con full acceso a bicicleta y en completa tranquilidad (no me voy a aburrir de decirlo).
Una de las iglesias vista desde el pueblo.


Estaba terminando el año universitario y comenzando el buen tiempo, así que los estudiantes que pasaron, se titularon y los que se echaron los ramos, estaban celebrando con su mesita en la vereda. Sí, sacaban su mesita del departamento y se sentaban a tomar con los amigos en el espacio entre su casa y el canal.

 
Mirar hacia arriba en Delft y ver esto


Lo mismo los grandes, que llenaban todos los bares y las terrazas a morir de la risa con los amigos. Así que andaba todo el mundo feliz, disfrutando la época de estar afuera y de sol, que debe ser corta.



Rotterdam. 


Bueno Rotterdam es un tema aparte. Rotterdam es Rotterdam y me enamoré perdidamente de esa ciudad.
Estacionamiento de bicicletas en el centro de Rotterdam

Fue la única ciudad holandesa bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial, el año 40. Ese destino le significó tener que reconstruirse casi completamente de cero, lo que ahora se puede observar como un gran resultado: una ciudad moderna y armónica. Avenidas grandes, pero con áreas verdes y muchos espacios comunes; arte, comercio y cultura fluyendo armónicamente una vez más, pero en un entorno más moderno arquitectónicamente hablando. Hitos como el mercado, la biblioteca y su magnífica estación de trenes son construcciones que enorgullecen a sus habitantes por haber sabido burlar la memoria de destrucción y guerra.
Detalles de un edificio

Biblioteca pública de Rotterdam. Está frente al mercado y mientras hacía este dibujo la gente se sentaba al lado mío para mirar y lo encontraban bonito, eran muy buena onda.

Mercado de Rotterdam
Estuvo 300 años en Indonesia y otros tantos en Surinam, con lo que ya sabemos que conllevan esos procesos.

La historia de colonialismo que tiene Holanda está presente en su vida actual inevitable y afortunadamente. y esto como visitante se puede apreciar tanto en la gente que transita por las calles como por la gastronomía. No sé las estadísticas, pero tuve la suerte de conversar con gente muy consciente de este tema: ser hijo de un país colonialista no es algo de lo que enorgullecerse, pero los holandeses actuales se pueden enorgullecer de haber incorporado aspectos de la cultura y la propia gente de las colonias en su vida, de manera honesta y abierta.

Ya dejando Holanda, en el Aeropuerto de Schippol



Espero poder volver a pasear por las calles de este país de gente amable, tranquila y de lugares silenciosos y donde las cosas funcionan en armonía. Un pedacito de mi corazón quedó allá en los países bajos.







26 sept. 2017

Art Book Fair en MoMA PS1









La Art Book Fair es una gran feria anual de libros de autor y fanzines. La anfitriona es Printed Matter , una organización sin fines de lucro que se dedica a la difusión y distribución de libros de autor. Esta hermosa feria que dura tres días la acoge el MOMA PS1, una galería asociada al MoMA (el Museum of Modern Art), para arte experimental en Queens.




 




En esta versión, ABF de este año contó con 370 expositores, tanto microeditoriales, tiendas como autores; de 28 países distintos, además de charlas y foros.

Haciendo un recorrido se podían encontrar desde los fanzines más mínimos, stickers, poleras, bolsos, hasta libros con ediciones muy cuidadas y tapas full diseño. Los precios de todo lo que se puede encontrar va desde los 2 dólares hasta los 45 aproximadamente y los fanzines se pueden encontrar entre 5 y 15 dólares aprox.



Expositor@s del domo



Mini pabellón de 8Ball Community


El universo fanzinero de la feria era inagotable y con toda la diversidad que se pueden imaginar y más. Pasillo con temáticas queer, como Cassandra Press, microeditoriales de del movimiento latino en EEUU, como La Chamba Press (lachambapress.tumblr.com) y La Liga , colectivos enfocados en distintos temas, luchas, desde subculturas diferentes y con una cantidad también inagotable de soportes, materiales, tipos de papel y técnicas de impresión, donde no faltaba - como debe ser - la simple fotocopia. De Chile estaban la Microeditorial Amistad y La Ediciones Daga.

 
Lista de expositor@s del pabellón principal








Mi conclusión después de esta feria es que el mundo del fanzine es tan diverso como las mismas personas que lo hacen y la importancia de potenciarlo y difundirlo cada vez más, ya que permite difundir contenidos y arte de maneras baratas y contraculturalmente, lo que es más motivante aún.




Saludos desde NYC!